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Descubra los retos únicos y mejores prácticas para juntas de organizaciones sin fines de lucro frente a la complejidad actual del sector.
El sector sin fines de lucro constituye un pilar fundamental de la sociedad, empleando aproximadamente al 10 % de la fuerza laboral en economías desarrolladas y generando un valor cercano al 5 % del PIB global. Aunque las organizaciones más conocidas se ocupan de crisis humanitarias o derechos humanos, muchas entidades más pequeñas, que operan localmente, desempeñan un papel igual de relevante en sus comunidades.
Actualmente, las organizaciones sin fines de lucro enfrentan presiones externas significativas. Los recortes presupuestarios gubernamentales afectan presupuestos, personal y proyectos, intensificando la competencia por financiamiento y talento. Paralelamente, vulnerabilidades internas empeoran la complejidad del sector; alrededor del 40 % de estas organizaciones identifican la gobernanza como su principal desafío, lo que refleja falta de supervisión estratégica, competencias limitadas y dificultades para mantener la rendición de cuentas. En muchos aspectos, las juntas directivas sin fines de lucro enfrentan una complejidad superior a sus contrapartes comerciales.
¿Qué distingue a las juntas de organizaciones sin fines de lucro de las empresariales? ¿Qué obstáculos característicos enfrentan y cuáles prácticas los ayudan a gestionar la incertidumbre y maximizar su impacto? Para abordar estas inquietudes, coordinamos una serie de talleres con miembros experimentados de juntas, formados en CDEI y con amplia experiencia en el sector. Sus aportes ofrecen orientaciones prácticas tanto para juntas sin fines de lucro como comerciales que buscan gobernar con propósito y efectividad.
Este vasto mundo comprende una fuerza laboral significativa y recursos financieros en organizaciones dedicadas a causas que van desde el cambio climático y la educación hasta la salud y los servicios sociales. Los integrantes de estas juntas asumen no solo responsabilidades fiduciarias, sino también la custodia del interés público, un principio a menudo difícil de concretar.
Entre los retos que diferencian a estas juntas de las comerciales, destaca primero que sus miembros no ejecutivos suelen involucrarse directamente en operaciones, consecuencia habitual de la escasez de personal calificado. Esto reduce la independencia y pone en riesgo la supervisión estratégica. Segundo, aunque algunos miembros aporten experiencia en finanzas, leyes o gobernanza, la carencia de conocimiento profundo sobre la misión específica o sector limita su desempeño efectivo.
Existe además una dimensión moral. La percepción de que las actividades sin fines de lucro son intrínsecamente virtuosas puede generar falta de responsabilidad organizacional, dificultando que la junta imponga estándares o promueva cambios. Sumado a esto, la reputación de los miembros, estrechamente ligada al éxito o fracaso de la entidad, les expone a consecuencias públicas y severas si surgen problemas.
De los talleres emergieron desafíos recurrentes. Por ejemplo, Jane, auditora financiera y socia en su firma, asumió un puesto en un organismo de salud pública pero encontró dificultades para conectar con colegas más orientados sectorialmente. Alex, abogado de profesión, dedicaba tiempo a elaborar documentos legales, pese a que su función debiera centrarse en supervisar la dirección ejecutiva. Bob, integrante de otra junta caritativa, resaltó que la gerencia habitualmente rechazaba retroalimentación porque las actividades eran vistas como inherentemente positivas o “buen trabajo”.
De forma más generalizada, muchas organizaciones pequeñas son lideradas por fundadores con estilos autocráticos, eficaces en etapas iniciales, pero que pueden entorpecer la profesionalización y gobernanza al escalar la entidad. También todas enfrentan la compleja tarea de cuantificar el impacto real, dado que medir cambios sociales es mucho más difícil que reportar resultados financieros.
Identificamos cinco desafíos críticos:
Pese a estos retos, numerosas organizaciones sin fines de lucro dedicadas a causas diversas han logrado resultados positivos. Para los integrantes de nuestras sesiones, adoptar las siguientes prácticas, aplicables también a juntas comerciales, ha sido fundamental:
Formar parte de la junta de una organización sin fines de lucro se configura como una tarea compleja y de gran responsabilidad, que requiere un enfoque reflexivo y adaptable. Adoptando buenas prácticas y promoviendo una cultura de mejora continua, estas juntas pueden aumentar su eficacia y cumplir mejor su misión: lograr el bien haciendo el bien.