Somos CDEI
Postgrade Programs
Executive Education
XLP
Corporate Programs
Insights
Urgente transformar edificios actuales en generadores de energía y promover espacios urbanos inclusivos y tecnológicos.
Actualmente, más de la mitad de la población mundial reside en áreas urbanas, cifra que, según Naciones Unidas, se elevará a dos tercios para el 2050. Este crecimiento urbano acelerado impone un desafío sin precedentes para el sector de la construcción, en un contexto marcado por los efectos graves del cambio climático como olas de calor, inundaciones y tormentas. De manera simultánea, la escasez de agua afectará especialmente a las zonas urbanas, sobre todo en países en vías de desarrollo.
No obstante, las ciudades no solo sufren las consecuencias del cambio climático, sino que además contribuyen significativamente a esta crisis. De acuerdo con el World Green Building Council, el sector edificatorio representa alrededor del 39% de las emisiones globales de carbono vinculadas a la energía. Esta proporción se divide en 28% por operaciones como calefacción, refrigeración y consumo eléctrico, mientras los materiales y procesos constructivos constituyen el 11% restante. Estos datos evidencian la urgente necesidad de reconfigurar los métodos de construcción desde hoy.
Para avanzar, la infraestructura urbana debe transformarse. Edificios y sistemas de movilidad no pueden continuar siendo solamente consumidores pasivos de energía; deben integrarse como actores activos dentro de un ecosistema energético inteligente y armonizado. La tendencia hacia la neutralidad climática es palpable, con la expansión de redes de transporte público, vías para ciclistas y estaciones de carga para vehículos eléctricos (VE). No obstante, el siguiente paso es lograr una integración más profunda: edificios y movilidad trabajando en sinergia para generar, almacenar y compartir energía.
Se vislumbra un futuro donde edificios inteligentes, provistos de paneles solares y sistemas de baterías, produzcan energía renovable, la almacenen y la compartan con viviendas y vehículos cercanos. Los VE funcionarían como baterías móviles, capaces de transportar energía y alimentar la red cuando sea necesario. Esta colaboración conformaría microredes descentralizadas a escala vecinal, caracterizadas por su resiliencia, eficiencia y flexibilidad. Esta perspectiva está fundamentada en una planificación integrada que contempla el ciclo de vida completo de los edificios — desde su diseño, construcción, operación hasta su eventual desmantelamiento — optimizando así su participación en el sistema energético urbano y fortaleciendo toda la cadena de valor.
Uno de los recursos climáticos más relevantes, pero en ocasiones desaprovechado, es la rehabilitación de edificios existentes. La mayoría de las construcciones que estarán en pie en 2050 ya están erguidas hoy. Prescindir de un exclusivo enfoque en edificaciones nuevas y dar prioridad a la modernización de las actuales se vuelve imperativo. El reacondicionamiento incrementa la eficiencia energética, mitiga las emisiones y prolonga la vida útil de los inmuebles. Además, preserva la herencia cultural y disminuye el impacto ambiental derivado de demoliciones y producción de materiales nuevos. Sin embargo, a menudo, las normativas dificultan la rehabilitación más que la construcción nueva; por ende, se requieren políticas simplificadas y flexibles que incentiven cada avance hacia la descarbonización, reconociendo que cada tonelada de dióxido de carbono evitada resulta crucial.
El desarrollo sostenible del entorno urbano trasciende el ámbito energético; implica asimismo atender a las personas. Las ciudades deben configurarse como espacios donde las comunidades prosperen mediante inversión en infraestructura social: viviendas accesibles, áreas verdes, centros comunitarios y servicios públicos inclusivos. La planificación de barrios tiene que fomentar el bienestar, la cohesión social y la accesibilidad. Tal es el caso del proyecto “Hangweide” en Kernen, Alemania, que participa en la Exposición Internacional de la Construcción 2027, donde se están edificando 34 viviendas subvencionadas con techos verdes y paneles solares. Este enfoque integra sostenibilidad ecológica con responsabilidad social, ofreciendo hogares asequibles y respetuosos con el clima. Al desarrollar distritos completos que incorporan sistemas energéticos integrados, opciones de movilidad compartida y espacios comunitarios, es factible generar entornos urbanos equitativos y robustos.
La tecnología se plantea como un elemento catalizador para hacer realidad ciudades más inteligentes y sostenibles. Plataformas digitales permiten supervisar el consumo energético en tiempo real, detectar ineficiencias y optimizar la operatividad de edificaciones. Por ejemplo, la plataforma STRABAG PFS eco2solutions realiza un minucioso análisis del parque edilicio, valorando la condición presente y los requisitos energéticos tanto de los naturales materiales constructivos como de las instalaciones técnicas. Dicha evaluación contempla múltiples fuentes de información para desarrollar rutas hacia la descarbonización acordes con el estado y necesidades del edificio. Si bien estas innovaciones facilitan la construccion y remodelación sostenibles, requieren condiciones favorables de mercado y respaldo normativo para prosperar.
Un obstáculo relevante para los sistemas energéticos inteligentes es la limitada capacidad de las actuales redes y soluciones de almacenamiento. Los cuellos de botella en las redes provocan desperdicio de energía renovable y enlentecen el avance hacia la sostenibilidad. Sin un almacenamiento adecuado, resulta difícil equilibrar la oferta y la demanda o integrar fuentes intermitentes como la solar y la eólica. Europa debe acelerar la expansión de infraestructuras de red y fomentar incentivos para soluciones de almacenamiento escalables. Tecnologías como power-to-gas, que convierten electricidad excedente en hidrógeno, representan opciones prometedoras, aunque demandan inversión y regulación favorable. Algunas empresas están en condiciones de producir hidrógeno limpio; sin embargo, la escasez de infraestructura adecuada y la débil demanda comercial frustran el impulso. Sin modelos económicos de acceso eficiente a la electricidad y a la red, el hidrógeno carece de competitividad.
Contamos ya con las herramientas necesarias para edificar ciudades preparadas para el futuro; poseemos la tecnología, el conocimiento y la visión estratégica. Lo indispensable es la valentía para alinear políticas, movilizar inversiones y adoptar innovaciones audaces. La superación de barreras sectoriales mediante la colaboración interdisciplinaria es un requisito ineludible. Arquitectos, ingenieros, planificadores urbanos, formuladores de políticas y comunidades deben sumarse para diseñar soluciones integradas y efectivas.
Es crucial también recordar que las ciudades no son meramente sistemas urbanos; son el hogar de millones. Así, conjugar resiliencia climática con infraestructura social habilitará entornos urbanos que no solo sean sostenibles a largo plazo, sino que a la vez resulten inclusivos, dinámicos y habitables. El porvenir urbano no es un ideal lejano, sino una realidad que se materializa en cada rehabilitación, panel solar instalado, huerto comunitario o barrio que prioriza a las personas y al planeta.