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La financiación de desarrollo puede catalizar clústeres y elevar la competitividad regional. El NDF saudí coordina 12 fondos y apoyó el crecimiento del café en Jazan.
Ante la transformación de la economía global, fortalecer la competitividad regional se ha convertido en una prioridad para sostener el crecimiento. La financiación de desarrollo puede actuar como catalizador para la formación de clústeres económicos —agrupaciones de actividades relacionadas que aumentan la productividad—; un ejemplo reciente es el impulso al cultivo y la cadena del café en la provincia de Jazan, en Arabia Saudita.
El concepto de economías de aglomeración, desarrollado por el profesor Alfred Marshall, explica por qué la concentración geográfica de actividades similares puede elevar la productividad. Cuando una región desarrolla actividades alineadas con su ventaja competitiva, surgen subactividades que abastecen la actividad principal y generan efectos multiplicadores en empleo, innovación y especialización.
La relevancia práctica de los clústeres queda de manifiesto en datos recientes: según la iniciativa del Foro Económico Mundial sobre transición de clústeres industriales, 40 clústeres en distintos países contribuyen aproximadamente con $508.000 millones al PIB global y mantienen o crean alrededor de 4,6 millones de empleos. Esos resultados muestran cómo los clústeres atraen inversión, dinamizan alianzas público-privadas y favorecen la innovación.
En Arabia Saudita, el National Development Fund (NDF) actúa como institución de financiación de desarrollo que coordina a 12 fondos y bancos afiliados con el objetivo de maximizar su impacto. Cada fondo o banco tiene un foco sectorial o de segmentos de negocio específico, y esa arquitectura permite respuestas ágiles ante prioridades de desarrollo.
La financiación coordinada identifica necesidades y prioridades que a menudo quedan fuera del alcance de la banca privada: sectores emergentes, actividades especializadas y segmentos desatendidos. Al canalizar recursos hacia esos nichos, los afiliados del NDF no solo sostienen proyectos inicialmente poco atractivos para el capital privado, sino que también ayudan a atraer inversión privada adicional y a crear un ecosistema donde múltiples actores contribuyen a construir sectores competitivos.
En 2024, el Agricultural Development Fund, uno de los afiliados del NDF, destinó SR 49,1 millones ($13,09 millones) a actividades relacionadas con el grano de café —producción, manufactura y comercialización— dentro del programa de Desarrollo Agrícola Rural Sostenible. Ese monto representó un aumento del 54 % respecto al año anterior.
Actualmente, el Reino registra más de 2.500 fincas de café con más de 400.000 árboles, que generan más de 800 toneladas de granos de alta calidad al año. El objetivo oficial es alcanzar 1,2 millones de árboles para 2026, concentrando el crecimiento en las regiones del suroeste. La intervención financiera apunta a consolidar un clúster agrícola que mejore el empleo local, la productividad y la capacidad exportadora.
El alcance del NDF trasciende el agro: su cobertura se alinea con la agenda Vision 2030 para diversificar la economía. A lo largo de las 13 provincias, el NDF apoya iniciativas muy diversas —desde turismo en Aseer y olivicultura en AlJawf hasta tecnologías energéticas avanzadas en NEOM— y participa en proyectos estratégicos mediante entidades como el Saudi Industrial Development Fund y el National Infrastructure Fund.
Un ejemplo paradigmático es la participación en la financiación de un proyecto de hidrógeno verde en NEOM por un monto superior a SR 10,3 mil millones ($2,7 mil millones), en colaboración con bancos nacionales e internacionales. Esa operación refleja cómo la financiación de desarrollo puede catalizar innovación, descarbonización y diversificación sectorial.
En paralelo, instituciones afiliadas ofrecen soluciones focalizadas: el SME Bank brinda diversos productos para pymes y el Saudi Export-Import Bank (Saudi Exim Bank) facilita la internacionalización del sector no petrolero mediante instrumentos que cubren brechas de financiación y riesgos de exportación.
La experiencia saudí sugiere varias conclusiones prácticas: la coordinación institucional permite priorizar sectores con ventaja competitiva; la financiación pública, bien dirigida, puede mejorar la atractividad del capital privado; y la combinación de apoyo productivo, infraestructura financiera y políticas de compartición de riesgo acelera la formación de clústeres.
Para otras economías que buscan diversificación y desarrollo regional, el aprendizaje central es pragmático: vincular diagnóstico regional, inversión coordinada y estructuras financieras especializadas crea condiciones para que actividades locales escalen y compitan a nivel internacional. El objetivo es que los sectores emergentes apoyados dejen de depender exclusivamente de la financiación pública y se conviertan en motores sostenibles de competitividad y empleo.