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El turismo crece, pero enfrenta tensiones sociales, ambientales y laborales. Escalar y difundir soluciones es clave para que el crecimiento genere valor.
Para 2034 se proyecta que el sector de viajes y turismo aporte 16 billones de dólares al PIB mundial y sostenga aproximadamente 30.000 millones de visitas turísticas anuales. Ese crecimiento reafirma su papel como motor de empleo, intercambio cultural y oportunidades económicas, pero las mismas fuerzas que impulsan la expansión están generando nuevas presiones: tensiones entre residentes y visitantes, impacto creciente sobre los ecosistemas, escasez de personal cualificado, limitaciones de infraestructura y una mayor vulnerabilidad frente a choques climáticos, geopolíticos y económicos.
Medir el éxito solo por el número de visitantes o el gasto ya no basta. Junto con el crecimiento económico, necesita ganar protagonismo la contribución del turismo al bienestar comunitario, la protección del entorno natural, la vitalidad cultural y la resiliencia a largo plazo. En otras palabras: el objetivo debe ser que el crecimiento produzca valor duradero para las comunidades y los ecosistemas de los que depende la actividad turística.
En distintos destinos se están probando respuestas prácticas: enfoques que redistribuyen la demanda a lo largo del tiempo y el territorio, programas que fortalecen a las empresas locales y vínculos explícitos entre turismo y desarrollo comunitario. Las empresas, por su parte, invierten en programas de formación, nuevos modelos de asociación y en iniciativas favorables a la naturaleza que reducen residuos, bajan emisiones y mejoran la eficiencia en el uso de recursos.
La tecnología contribuye a este cambio: los datos y las herramientas digitales permiten comprender mejor los flujos de visitantes, gestionar la demanda y tomar decisiones más informadas sobre infraestructura, sostenibilidad y gestión del destino, lo que a su vez ayuda a optimizar operaciones y a ofrecer experiencias más fluidas a los visitantes.
Estos esfuerzos comparten una idea central: no existe una solución que funcione aislada. La eficacia suele depender de la colaboración entre empresas, gobiernos, comunidades locales, organizaciones de la sociedad civil y otras partes interesadas. Cuando se coordinan, las intervenciones multiplican su impacto.
Para trasladar iniciativas exitosas a mayor escala conviene centrarse en elementos prácticos y replicables:
Un obstáculo recurrente es la fragmentación del sector: mercados, normativas y contextos locales impiden que las prácticas valiosas se difundan con rapidez. No se trata de clonar soluciones, sino de aumentar la visibilidad sobre qué funciona, por qué y en qué condiciones, para que otras organizaciones puedan adaptarlas con mayor celeridad y menor riesgo.
En ese contexto se ha lanzado la iniciativa Beyond Tourism Impact Stars, promovida por el Foro Económico Mundial, el Ministerio de Turismo de Arabia Saudí y Kearney, para identificar iniciativas del sector privado que estén abordando los puntos de tensión del turismo. Estas iniciativas ya están generando impactos positivos medibles en destinos, comunidades y ecosistemas, a la vez que demuestran un sólido desempeño empresarial.
Escalar lo que funciona permite avanzar hacia un turismo más resistente, inclusivo y sostenible. Para lograrlo se necesita más innovación, evaluación rigurosa y —sobre todo— mecanismos que faciliten el aprendizaje compartido. Si trabajas en el sector, observa qué soluciones se ajustan a tu contexto, prueba con pilotajes y comparte los resultados: ese flujo de conocimiento es la palanca que puede convertir el crecimiento en valor duradero.